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TERESA GONZÁLEZ, FUNDADORA DE AINKAREN – CASA CUNA

“En esta casa ocurren milagros y las chicas lo están viendo”

Alojamiento, comida, gastos de farmacia, psicología, trabajos, estudios, ropa y material necesario para el bebé, son algunas de las prestaciones que da a madres jóvenes esta asociación zaragozana. Ainkaren – Casa Cuna se dedica a la acogida de mujeres en estado de gestación y sin recursos. Esta institución privada nace diecisiete años atrás como una necesidad de atender a aquellas que no pueden llevar su embarazo adelante sin ayuda económica o un hogar donde refugiarse una vez que han decidido dar a luz.
 

En ocasiones, la asociación recibe donativos de manera anónima. Pocas son las ayudas que reciben, pero todo es necesario cuando se trata de ayudar a estas madres sin recursos.

Una de las habitaciones de la primera planta en la Casa – Cuna es donde se encuentran los carricoches y las cunas de los bebés durante el día. Estos materiales necesarios suelen ser prestados por familias que ya no los necesitan o llegan de otras asociaciones con las que mantienen contacto.

En sus inicios, Ainkaren no disponía de una casa en condiciones, sino que las acogía en un piso y ellas mismas se auto-gestionaban ayudándose unas a otras. Cuando la demanda creció considerablemente y aparecían casos cada vez con más frecuencia, comenzaron a pedir subvenciones al Ayuntamiento, a la DGA, a la Obra Social IberCaja, La Caixa y la CAI, entre otros. Hoy, aunque siguen recibiendo algunas de las ayudas de estas instituciones, de socios y de la Iglesia fundamentalmente, son mucho más reducidas, llegando incluso a tener déficit de pañales y toallitas. Teresa González, la fundadora, habla de los donativos y dice que son muy pocas cantidades, pero les “solucionan” algunos meses.

 

Las madres a las que acogen oscilan entre los 15 y los 45 años aproximadamente. Hace unos años las residentes eran en su mayoría procedentes de América Central o del Sur que vivían en Zaragoza o cerca de la ciudad. Sin embargo, ahora acuden más españolas que no pueden mantener a sus bebés o se encuentran en una situación complicada económicamente en su proceso de gestación. Ahora mismo cuentan con un total de doce madres que se reparten las tareas del hogar a la vez que cuidan a sus pequeños con la ayuda de los voluntarios. Susana Gil, la trabajadora social de este centro, hace referencia al momento en que una joven acude hasta allí y asegura que “cuanto más desamparada está la madre, antes debemos realizar la acogida”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Los padres se desbordan cuando se enteran de que su hija está embarazada”. En esta asociación, como en el resto de organizaciones que siguen su misma línea, reciben a personas en situaciones y con circunstancias muy diversas. La trabajadora social cuenta que “han llegado familias normalizadas pidiendo ayuda para esconder a sus hijas en pleno embarazo y así evitar que nadie de su entorno las descubra”. Una vez que llega el momento del parto, algunas de ellas deciden darlo en adopción mediante trámites hospitalarios, pero esos casos suelen ser minoritarios.

 

Desde la dirección del hogar deben imponer una serie de normas para poder llevar bien la convivencia y evitar una serie de problemas. Por ello, un motivo de expulsión de una madre de la casa se produce al tercer aviso de una falta grave sin corregir. Esta puede ser por faltar el respeto a los ayudantes, consumo de drogas, prostitución, omisión de enfermedades de transmisión sexual, etc. “Cuando estás haciendo todo lo posible por ellas y sus niños, te saltas las reglas de los estatutos. El plazo de permanencia dentro de la casa es de dos años, pero hay chicas que se quedan algún tiempo más”, cuenta la fundadora. Pasado ese tiempo suelen abandonarla, siempre contando con el respaldo del voluntariado, que sigue sus pasos en la medida de lo posible y se preocupa por que tengan una buena vida en sociedad.

Otra de las salas de Ainkaren es una guardería en la que tanto las madres como los voluntarios cuidan a los pequeños, realizan actividades con ellos y pasan la mayor parte del tiempo entre juegos.

Aunque cada día son más las españolas que acuden hasta esta institución, también hay residentes de otras razas que se ven en la desfavorable situación de no tener recursos para salvaguardar la vida de sus hijos.

© 2015 by Acción  Periodística.

En Colaboración:

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