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A fin de cuentas
Por Mamá es joven.

Una vida, una persona a la cual alimentar, proteger y dar lo necesario; dentro de las posibilidades de cada uno. Otro ciudadano salvaguardado por el Estado.


La economía y los bienes materiales, a veces, no son suficientes. Pero ya está aquí. Hablo de un bebé, concreto más: madres jóvenes que deciden tener a su hijo. Dejo aparte el tema tan mascado del aborto, reitero no hablo de eso.  


Hablo de la falta de ayudas a este sector. Paradójico, cuanto menos, que se subvencione la pastilla del día después pero que no se subvencione a penas la educación sexual que sería mucho más eficiente para evitar embarazos no deseados y propiciar aquellos que si se desean.


La sociedad ha marcado unos límites para la concepción de un embarazo. Según expertos en el tema, la edad perfecta para concebirlos es  desde los 15 hasta los 25 años. Desde que el cuerpo de la mujer regla por primera vez, se considera preparado. Pero esta gestación suele darse en familias desestructuradas, grupos de la sociedad maduramente incompletos. El bebé no crecerá dentro de un ámbito adecuado o así lo estiman.


Existen asociaciones, centros privados y otros organismos que proporcionan  ayuda a estas madres para que sedimente y tome la decisión que mejor les parezca biológica y emocionalmente. No solo asistencia médica y psicología, también ayudas materiales como: ropa para el bebé, alimento y pañales. ¿Y públicos?, ¿dónde está ese bienestar que debe dar el señor Estado a todo ciudadano?
100 euros son la cantidad exacta que recibe una madre cuando se da por finalizado este periodo de gestación. Lo recibirá hasta que su bebé alcance los 3 años.


Suficiente para algunos, aberración para otros. Para la mitad de esos algunos es lo necesario, en cambio, para la otra mitad de esos otros, una vergüenza.
 

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En Colaboración:

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