top of page


 

Vivo por y para ellos


 Fátima Quiroga es madre joven con 21 años. A los 16 años tuvo su primer hijo y actualmente tiene dos a su cargo. Vive con sus padres en un pequeño piso del barrio de Las Fuentes, en Zaragoza. Con la ayuda de su familia y la asociación REDMADRE Aragón consigue dar y proporcionar a sus hijos todas las necesidades.

 

Fátima ha afrontado diferentes problemas en su vida, pero todos confluyen en el padre de los niños.

Mi nombre es Fátima Quiroga, tengo 21 años y soy mamá. Sí, me describo en la primera línea como madre porque es lo primero en mi vida. Tengo dos hijos, Arón y Yanira, él tiene 4 años y ella 6 meses.


Me quedé embarazada con 16 años y quise seguir hacia delante por mi hijo y por mi pareja. Ahora solo sigo por mis dos hijos.  Soy madre joven y además sin pareja.


Yo era una niña enamorada de alguien que me bajaba la luna, que me regalaba los oídos con palabras de amor y si fuera necesario cruzaba el océano por verme feliz.  Ese era el hombre que conocí con 16 años, o así me lo pintó él.


Nació Arón y permaneció a mi lado pero solo durante sus primeros meses. Luego desapareció. La boca se le llenó de mentiras, las manos de secretos, las miradas de silencio y el corazón de vacío. Me dijo que había estado recluido en un centro de desintoxicación  durante unos meses y al tiempo de volver me contó que se fue para salir de fiesta, para beber y sentirse bien, o lo que el definía como “bien”.   


Pupilas dilatadas, cambios de comportamiento y desgaste. Se gastó todo lo que teníamos en porros y en locales de mala muerte. Lo denuncié. Y entonces cometí el error más grave de mi vida. Terceras personas impidieron que mi testimonio nunca llegase a las autoridades y lo único que hice fue hundirme en mi propia declaración.


Volvió. De nuevo me juró amor y cariño a mí y a mi hijo. Yo le creí, le abrí las puertas de mi casa y de  mi corazón; aún sigo recordándome cómo fui tan tonta. Tuvimos a Yanira y hace exactamente 3 meses marchó. La historia se repite, los mismos meses tenía Aron cuando no supe nada más de él, la única diferencia es que ahora sé dónde está.


Sigue fiel a sus juergas y espectáculos nocturnos. Ahora me manda mensajes y  me pregunta, una vez cada mucho tiempo, cómo están los niños. Pero no quiere saber nada de ellos y menos como padre, no se preocupa por su bienestar, no. Se preocupa más bien por nuestro malestar, que no entre dinero a casa y no tengamos ningún bien ya sea económico, material o emocional.  El dinero que puede darme el Estado por los dos niños es 300€ hasta que cumplan los tres años. Cada tres meses este dinero llega a mi banco, pero como la cuenta está a nombre de los dos, él los coge antes que yo y no puedo optar a nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El apellido que llevan mis niños es de su padre, y a los ojos del juez él sigue viviendo conmigo, aunque no sea así. No quiere hacerse cargo de ellos pero tampoco nos deja vivir.


Sentía angustia y rabia, lo único que podía hacer era llorar y gritar. Me desesperé… cada noche me  preguntaba; cómo alguien que me ha querido tanto puede desearme el mal, y lo más importante, cómo puede deseárselo a sus hijos, nuestros hijos.


Hoy, toda esa irritación y resentimiento se ha convertido en coraje. Soy una coraza a la que pueden bombardear y atacar con cualquier arma, que yo permaneceré intacta y firme. Me he hecho a los daños, a las heridas y a las cicatrices sin cura.


Me sentía capacitada para llevar esto yo sola desde el principio. Gracias al apoyo de mis padres y mi hermana, junto con su marido. Vivo con mis padres en un pequeño piso del barrio de las fuentes. Consigo trabajos a deshoras y con un sueldo muy bajo; pero gracias a eso y, sobre todo,  al sueldo de mi padre podemos  seguir manteniéndonos. También acudo a la asociación REDMADRE, allí me dan  leche, papillas… además del  carrito de la niña y algo de ropa. Organizan charlas con psicólogos y reuniones que involucran a chicas que están en la misma situación que yo.  Me han acogido muy bien y les estoy muy agradecida.


Sin embargo, respecto a mis amigos no puedo decir lo mismo. Hoy por hoy solo me queda una amiga. Me veían como un bicho raro y sin yo saber por qué se apartaron de mí. Ahora cuando me ven no me saludan y, a veces,  se cambian hasta de acera.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después del instituto comencé a estudiar encuadernación, pero tuve una amenaza de aborto y lo dejé. En este curso conocí a una amiga que ahora sigue estando a mi lado, es una de las personas que más me ha apoyado y animado en mis momentos débiles.


Mi sueño sería irme lejos de aquí y montarme un negocio, un pequeño bar o panadería artesanal. Siempre me ha llamado la atención la vida rural y me sentiría encantada si tuviera suficiente dinero para marcharme a vivir a un pueblo con mis dos pequeños.  He buscado ofertas de trabajo y me informé sobre las propuestas que hacen en estos pueblos; necesitan familias para repoblarlos, te dan trabajo y casa allí. Me lo he replanteado muchas veces y creo que es una buena opción.

Ahora tomo las decisiones por tres, miro el futuro por dos y sigo hacia delante con mi vida, que al fin y al cabo es una. Sé que mi vida es una ruleta que, a veces, se rompe. Pero si de algo no me arrepiento es de mis hijos, son lo mejor de mi vida y lo único que voy a tener el día de mañana.


 

Yanira nació con problemas respiratorios y  posteriormente ha sido hospitalizada. Su madre le presta una atención constante.

 

Consigue trabajo cuando se le presenta la oportunidad, aunque su sueldo sea mínimo,  ella trabaja por sus hijos.
 

© 2015 by Acción  Periodística.

En Colaboración:

 A-23, km299, 50830 Villanueva de Gállego, Zaragoza. Telf: 976 06 01 00

bottom of page