top of page
María Fernández
María Fernández natural de Valladolid, tiene 19 años y fue madre a los 15 años de edad. No se trató de un embarazo deseado y el padre de su hija las abandonó a los dos meses de embarazo. Cuenta con la ayuda y el apoyo de su familia para sacar adelante a su pequeña, pero María se ha visto discriminada por la sociedad y por gente de su propio entorno por ser madre joven.
Me quedé embarazada con 15 años. La historia con mi pareja por aquel entonces fue complicada. Llevábamos un año y medio de relación y, cuando se enteró de la noticia, su reacción fue buena. No obstante, al cumplir los dos meses de embarazo, se marchó a su país de origen por asuntos de trabajo, supuestamente. Del plano económico, nunca se hizo responsable y jamás me ayudó. Tampoco volví a verlo. Estuve sola sentimentalmente toda la gestación y también durante el crecimiento de mi hija. Estoy en contra del aborto y aunque ser madre a esta edad no es el sueño de ninguna adolescente, no podía deshacerme de él. Sentí que debía afrontar las consecuencias.
Justo en el momento en que descubrí que estaba embarazada, no supe muy bien qué hacer, ni cómo hacer frente a esta dura decisión. Viví con miedo de que la gente se enterase y tuve incluso problemas graves de salud. No podía ir al médico por temor de que se lo dijesen a mis padres, pero tenía miedo de que algo le pasase a mi hija. Finalmente acudí y fueron los médicos quienes comunicaron la noticia a mi familia.
Hasta los seis meses de embarazo, ni mi familia ni mis amigos supieron que estaba esperando un bebé. Las causas fueron falta de confianza, miedo a que me obligasen a interrumpirlo, vergüenza, o simplemente por evitarles la carga que ello suponía. Al principio fue muy complicado, discusiones todo el día... Pero mis padres sí me apoyaron. Por otro lado, con mis abuelos he tenido más problemas por no aceptarlo y me complicaron bastante los primeros meses como madre. Además, elegí no contarles la noticia a mis amigos porque prefería asumir sola este proceso. Aquellas amistades que realmente me apoyaron fueron las más fieles; siempre cuentan con mi pequeña y conmigo.
No me arrepiento de dar a luz a mi hija. Aunque a veces he vivido ocasiones desesperantes, en mis peores momentos es mi niña quien me saca una sonrisa y me proporciona ánimo.
Lo peor de todo es la discriminación social que sufrí, a consecuencia de terceras personas psicológicamente acabé destruida. Yo creo que actualmente ver a una adolescente embarazada es como un fenómeno al que señalar con el dedo. Tuve que soportar miradas, cuchicheos, comentarios e invenciones de las personas de mi entorno. Día tras día, para mí, acabó siendo una especie de trauma y me hacía sentir observada, siempre a la defensiva, sensible… pero a la vez me volvió más fuerte.
Seguí acudiendo al instituto hasta la semana previa a dar a luz. Los síntomas propios como las náuseas, el malestar o los bajones anímicos no me ayudaban a estudiar. No quería abandonar mi educación. Actualmente, estoy terminando 2º de Bachillerato y me gustaría seguir formándome para tener un buen futuro junto a mi hija.
Tengo una responsabilidad y una preocupación añadida, hay cosas que no puedo hacer como cualquier chica de mi edad. Pese a ello, mi familia me ayuda para seguir llevando una vida normal como cualquier otra adolescente.
“En mis peores momentos es mi niña quien me saca una sonrisa y me proporciona mucho ánimo”
bottom of page


